Prioriza

Prioriza

Pero priorízate a ti.

Aquello que te da paz está antes.

Aquello que te emociona está antes.

Aquello que amas o a quienes amas están antes.

Atender

a las obligaciones es el constante martillo que nos taladra desde que en nuestra primera infancia aparecieron los deberes y los exámenes. Es una realidad aplastante, un monstruo con entidad real, con vida propia. El monstruo de las galletas que ha cambiado de dieta y ahora se alimenta de nuestras horas. O diría más bien, siguiendo con la metáfora, que las obligaciones son una familia de monstruos que va apoderándose del espacio vacío que nos queda para disfrutar. El eterno huésped del que nunca podemos librarnos.

Sin embargo, existe una verdad

 

oscura detrás de todo este asunto de las obligaciones y es que hay unas obligaciones obligatorias y otras opcionales. Sí, opcionales. A mí me gusta llamarlas obligaciones autoimpuestas, fruto de nuestra exigencia personal y de la programación mental que hemos sufrido a lo largo de los años. Esas pequeñas (o grandes) cosas que consideramos imprescindibles pero que, si rascamos bien, no son para nada esenciales.

Siendo sincera, hay realmente pocas cosas esenciales, el resto es la ornamentación que cada cual quiera darle a su realidad. Cuanto más ornamentada, mayor estrés sufriremos. Y esto SIEMPRE es opcional. Yo decido si mi casa reluce y está tan ordenada como planetas alineados o por el contrario hay huellas dactilares en los muebles. Yo decido si salgo a la calle en todo momento luciendo una perfecta melena lisa o me recojo un perfecto moño despeinado. Yo decido si llevar todos los días a los niños al parque o si los llevo sólo tres días en semana y hago ejercicio los otros dos. Decido si planchar las toallas o no planchar nada en absoluto, si hacer el regalo perfecto en el momento oportuno a todo el mundo, tan sólo a las personas importantes o a nadie…

Ninguna de estas opciones será mejor que otra per sé. El baremo es el siguiente: si hacerlas me supone estresarme y preocuparme, entonces no son buenas. Si tengo tiempo y hacerlas es algo que me aporta paz y satisfacción entonces sí lo son.

Si post-ponemos eternamente eso que nos relaja, aquello que absorbe nuestra atención, lo que nos da satisfacción, entonces el estrés tomará un buen asiento en nuestras vidas.

Es cierto, a veces parece (¡¡PARECE!!) imposible hacerles hueco. Pero ese hueco es TAN importante. Es el respiro que necesitamos para seguir con lo demás, es el descanso que nos dará fuerza.

Porque al contrario de lo que pueda parecer, priorizar el bienestar emocional es la mejor herramienta para solventar el resto de los asuntos y atender plenamente a las obligaciones “obligatorias”.

Prioriza

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