«El miedo a la muerte es una sensación indecible, es una oscuridad que te recorre de pies a cabeza y te nubla la vista, es el fuego del infierno haciendo cenizas todas tus emociones, bailando entre tus nervios como una serpiente de cascabel. De repente todo pierde el sentido o, más bien, tú pierdes a tus sentidos y nada llega dentro, tan solo sientes ese temblor interno que va arrasando quedamente todos tus esquemas. Tal es el miedo a la muerte»
La ansiedad que produce el pensamiento de dejar de existir es una emoción compartida por la mayoría de los seres humanos de todas las culturas y todos los tiempos. Es un miedo lógico si se tiene en cuenta que la realidad de la muerte es la verdad más clara que tenemos. Pese a ello, la mayoría de nosotros vivimos la vida sin un pesar extremo ante la posibilidad de morirnos, esto se debe a que nuestros cerebros tienden a atender sólo a las señales y pensamientos que les resultan adaptativos. Sin embargo, hay muchas personas que durante una época de su vida temen morirse en determinadas circunstancias o ante determinadas señales del cuerpo. Estamos hablando de los ataques de pánico. Un ataque de pánico es un miedo súbito y repentino a morirse, perder el control del cuerpo, desmayarse, vomitar en público, etc. generalmente unido a miedo a que ocurra en situaciones fuera de casa en las que no se puede «escapar» (el autobús, el avión, un centro comercial, una charla, un evento público, etc.). El ataque de pánico, como toda sensación de ansiedad, viene además acompañado de una serie de sensaciones físicas muy desagradables, como mareos, náuseas, taquicardias, temblores, hormigueos, desmayos, etc. Dichas sensaciones, a su vez, activan la voz de alarma («me voy a morir») y esa alarma genera a su vez más ansiedad y nuevas sensaciones que, por supuesto, reconfirman la teoría de que nos morimos seguro… Sin embargo el ataque pasa y no nos morimos. ¿Qué ocurre luego? el miedo a sufrir otro ataque ya es tan grande que empezamos a evitar las situaciones en las que sufrimos uno y, puede ocurrir, que nos veamos confinados en nuestras casas sin querer salir por miedo a sufrir uno de estos ataques de pánico.
Si te ocurre o ha ocurrido ésto más de una vez posiblemente sufras un trastorno de pánico con o sin agorafobia (la agorafobia es el miedo a estar en un lugar del que no podemos escapar y donde nos puede dar un ataque de pánico, por ejemplo medios de transporte, centros comerciales, eventos públicos, etc.) así que tranquil@, con un adecuado tratamiento psicológico el trastorno de pánico y la agorafobia pueden superarse con bastante éxito, ¡no dudes en acudir a terapia!
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